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Zaragoza se sube al tranvía

Zaragoza fue la última ciudad española en perder el tranvía en 1976. Entonces, el trazado era radial y el ambiente, de chispas y humo, pero aquellos vagones eran muy queridos por los ciudadanos. En la planta local de la empresa Caf se fabricaron algunos de los vehículos más avanzados que entonces corrían por las ciudades europeas. Y eso puede volver a suceder. El nuevo tranvía, con grandes ventanales -para los "300 días de sol" que el escritor Ismael Grasa quiso ver en la ciudad del Cierzo-, y asientos de madera ha sido dibujado por el famoso diseñador de coches Giorgetto Giugiaro (autor de casi cualquier modelo de Seat o Fiat, del mítico VW Golf 1 y hasta de dos Ferrari). Así, esa relación histórica, y la tarifa de 1,05 euros por una hora de viajes (o 0,62 euros, si se compra el bono) ha hecho que las autoridades esperen que cinco millones de viajeros vean la ciudad desde nuevos ángulos antes de que termine el año.

El tranvía se pondrá en marcha el 19 de abril, pero entre el 4 y el 18 se podrá subir gratuitamente. El nuevo medio de transporte -que se mueve a ras de suelo y es accesible para sillas de ruedas y cochecitos en todas sus puertas- quiere llegar con una fiesta. Y tiene motivos para ello. "[El alcalde Juan Alberto] Belloch ha sido muy valiente al realizar este proyecto en apenas un año y medio. En Burdeos, se tardó más de seis", cuenta Iñaki Alday, el arquitecto del proyecto. En los últimos años, las ciudades europeas han puesto en marcha 327 líneas de tranvía. Y Zaragoza, como Sevilla, Vitoria o Bilbao, podrían ser una referencia en la recuperación de la calidad de vida de los peatones.

¿Cómo ha sido posible trazar una línea con 13 estaciones desde el barrio popular de Valdespatera hasta la Gran Vía en tan breve plazo? Empezando las obras en seis puntos a la vez. Alday y Jover, los autores del parque del Agua junto al recinto de la pasada Expo, han ideado un "tranvía democrático": sin jerarquía en las estaciones, con amplias marquesinas con cubiertas sembradas de sedums para aislar térmica y acústicamente a quienes esperan. Todo integrado en las paradas, donde los soportes funcionan como lámparas nocturnas. El trazado, 18.500 metros cuadrados de césped, da nueva vida a los andadores centrales, que languidecían entre coches, y rescata aceras anchas y jardines para los ciudadanos.

Silencioso, ecológico y puntual, la idea de atravesar de norte a sur (el segundo tramo llegará al parque de Goya, en la margen izquierda del Ebro, en el primer trimestre de 2013) y de este a oeste ganó intensidad cuando en el Ayuntamiento comprobaron el éxito del Proyecto Bizi (de bicicletas de alquiler). Con 100 aparcamientos y 30 en construcción, hoy hay tanta lista de espera como usuarios. "Con el tranvía el peatón no cambia de rasante. El que sufre los cambios es el coche y eso disminuye su presencia en el centro urbano", cuenta Alday. Como consecuencia, los peatones recuperan el suelo de la ciudad.

Fuente: Diario "El país"